martes 20 de diciembre de 2011

¡Qué buenos tiempos aquellos!

Y... las menores... ¿No bailan?


Esta fue una de las vivencias que pasamos en El 17. Sucede que en una Navidad, de esas tan alegres que celebrábamos, había un juego de Angelito, el cual tenía lugar en la casa de Doña Estela Montero todos los sábados y los muchachos nos alistábamos para disfrutar de dicha fiesta, aunque no estábamos en el juego.

Aún así disfrutábamos, viendo los regalos que les dejaban a Ada Irma, Carmen y todas aquellas muchachas de la época. Además de que era una armoniosa reunión familiar, nos indicaba que se acercaba el fin de año, los tiempos buenos, etcétera.

Sucedía que donde Doña Estela cambiaban el color de la casa cada fin de año, yo creo que por eso es que era necesario cepillar las paredes de toda la casa sagradamente los sábados, las cuales eran repartidas equitativamente sin que nadie se quede sin nada.

Además, no existía la pintura semi-glos que hay ahora. En fín que ese año aún no habian pintado, y se cercaba la celebración del final del Angelito, por lo que decidieron celebrarlo en el Restaurant Rincón Hainero, cosa de la que nos alegramos.

Como creíamos que íbamos para una discoteca, preparamos nuestra ropita, nuestros zapatos domingueros y pa' la fiesta. Cuando estaba el grupo formado de los cuales la mayoría éramos muchachos, se le ocurrió a un "grande" decir, "aquí no entran menores"... ¡Qué decepción, porque ser menor en aquella época solo aplicaba para las hembras, así que los que estaban enamorados no querían bullas ni interrupciones, por lo que se les ocurrió esa horrible idea.

En fin que nos quedamos en casa de Doña Estela escuchando la música, hasta que alguien vino y nos dijo: "Heyyy... una señora entró con su hija"... y entonces, todas cojimos recogiditas hasta que entramos. ¡Qué buenos tiempos aquellos!


*PP12082009.

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